Ni Quicos, ni Papas: ¡Altramuces!

Tal y como cabía esperar, en estos momentos se habrán derramado ya ríos de tinta repletos de alabanzas y críticas hacia Bergoglio, el nuevo pontífice anunciado al mundo como símbolo de ruptura con los últimos tiempos de oscurantismo en la Iglesia Católica (aproximadamente unos 2013 años). El término ‘ruptura’ viene siendo una palabra que difícilmente puede llegar a convivir en el marco eclesiástico, una institución jerárquica y conservadora por definición. Resulta ser una combinación más bien incompatible. No obstante, no es mi propósito apuntarme al juego de las quinielas sobre qué horizonte marcará la Iglesia dentro de su escuálido margen de maniobra de aquí a los próximos años. Estos diarreicos y proféticos debates prefiero dejárselos a quienes entiendan más que yo de la cultura católica, analicen en profundidad su historia y comiencen a investigar como cosacos sobre la ejemplarizante o no recomendable vida del nuevo Papa.

Sin embargo, no he podido evitar ser partícipe del aluvión mediático surgido en torno a la elección de Francisco I, Paquito Palito para los amigos. Pero mis líneas hoy van dedicadas a los silenciados, a las hormiguitas, a los que no acaparan titulares y les pesa más la conciencia que los anillos y ornamentos. Hablo de los cristianos de base, esas personas que libran, día a día, una doble cruzada. Aquellos que se oponen de manera férrea a los arcaísmos y contradicciones de una institución marchita, hedienta y desencajada con los tiempos. La historia les avala, también su lucha cotidiana. Pelean por los de abajo y utilizan la fe como herramienta y no como imposición. Éstos seguirán adelante sean cuales sean los dictados del Vaticano. Caminarán entre contradicciones, porque nadie puede escapar a ellas; porque no todos los dogmas vienen recogidos en la Santa Biblia, porque sólo de la autocrítica emana el impulso necesario para la construcción de una nueva realidad de justicia e igualdad social. Hacen más falta altramuces que Papas, hacen falta más personas de a pie que sepan darle la espalda a los de arriba para ponerse a dar la cara por los de abajo.

Una vez más, Habemus Papam. Como también habemus recortes, miseria y muertes por culpa del hambre. Así es y así seguirá siendo, porque los problemas de este mundo no encuentran su solución mirando al cielo. Tampoco desde los ornamentos de la Plaza de San Pedro, ni entre anillos de pescador. Los enemigos terrenales resulta que no tienen rabo ni cuernos, si no que poseen un gran don para camuflarse entre corbatas, trajes y sotanas. Sin embargo, entre la maleza, encontramos a los irreductibles críticos y testarudos que poseen la verdadera ambición de cambiar el mundo. No desde el altar, si no desde la lucha, desde la calle y con el ejemplo. Ése ejemplo que hemos podido echar en falta sistemáticamente en cada una de las personas que se han asomado por el balcón del Vaticano.

@DavidGMarcos

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2 comentarios

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2 Respuestas a “Ni Quicos, ni Papas: ¡Altramuces!

  1. Angel Ancó

    La iglesia católico-romana no tiene 2913 años como apuntas, sino unos cuantos menos, pues fue establecida por Constantino en 313, mediante el edicto de Milán. Así pues, este año deberían celebrar su 1700 aniversario.

  2. Angel Ancó

    Quise decir 2013, pero me cayó un 9 por estar al lado del 0.

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