Cuando el rojo destiñe

«El viejo mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer. En ese claroscuro surgen los monstruos»

Antonio Gramsci

Desde hace algún tiempo hemos podido comprobar cómo el claroscuro del que nos advertía Gramsci resulta estar cada vez más cerca que lejos. Mientras tanto, tal y como apuntaba el filósofo marxista, los inquietantes monstruos se asoman acechantes tras las cortinas de un borroso discurso interclasista, demagogo y patriotero.

En el escaparate de la actualidad lucen los aberrantes escándalos de corrupción y la nefasta gestión de una clase política profesional que hace ya tiempo que adoptó el rol de administrar los mecanismos del sistema capitalista en pos de su perpetuación y consecuente socialización de la miseria. La desafección hacia la política se establece entonces como norma que se expande líquidamente cual epidemia de impacto generalizado. Asimismo, los puntos cardinales de la política institucional no indican más que posiciones espaciales relativas e intercambiables. La desafiliación política se añade entonces a la desafiliación social. Llegados a este punto, «solamente las orientaciones radicales, las oposiciones extremas, son capaces de dar sentido al antagonismo político» [1]. En la actual coyuntura sociopolítica, negar esta disensión entre los intereses de clase de opresores y oprimidos es hacerse el sueco frente a una realidad que delimita un conflicto histórico plausible.

En este sentido, si hay alguien que se siente cómodo con la animadversión hacia la política es el propio sistema capitalista que, salvando sus muebles por la vía de la tecnocracia, aboga por ahorrarse mecanismos participativos y de transparencia que, al fin y al cabo, digamos que son un estorbo. Y si la cosa se pone fea, abrimos la puerta al fascismo, que tan buenos resultados ha traído siempre a las élites del régimen. Nada expresa mejor éste sentimiento de conformidad por parte del sistema con la desafiliación política que las declaraciones del sonriente diputado Esteban González Pons dirigidas hacia las jóvenes, a quienes recomendaba ‘no meterse tanto en política’ y disfrutar de su lozanía manteniéndose al margen de la misma.

Ni la política profana ni la lucha de clases pueden verse engullidas por los posicionamientos de medianización interclasista. Éstos poseen todas las papeletas de poder enredarse bajo la aparente oquedad de una ultraderecha desbordante. En este sentido, UPyD aprieta, de nuevo, el acelerador hacia la meta del ultraconservadurismo español. En este caso, el que se ha empeñado en elevar a su casposa organización a lo más alto de los titulares ha sido Toni Cantó. Las infames declaraciones del actor dejan de relieve, una vez más, que ‘de centro’ nada: Misóginos, españolistas, demagogos y populistas. Hay quién todavía se sorprende cuando recuerda que Rosa Díez forjaba su carrera política en el seno del partido socialista. No obstante, a estas alturas, y tras la pantomima -deliberada o involuntaria- de Beatriz Talegón en busca de la credibilidad perdida; a nadie se le escapa que, si el rojo es de bote, el rojo destiñe. En el caso de UPyD ha terminado por convertirse en magenta -y no se descarta que terminen con camisas pardas-.

De este modo, vemos cómo los bandazos ideológicos y las aparentes ‘crisis de identidad’ experimentadas por las organizaciones políticas en un contexto de fluctuación permanente como el actual hacen un flaco favor a la demarcación del camino mediante el cual seremos capaces de salir de esta situación: una senda de ruptura con el orden establecido. El inicio de esta travesía resulta estar íntimamente ligado a la politización de la ciudadanía, a una irrupción de la misma en lo más hondo de la esfera política que sea capaz de desmontar una a una las contradicciones inherentes al sistema.

Somos muchas las personas que deseamos la consumación del primer enunciado de Gramsci: que al viejo mundo se le acerque su final. Lo que no está tan claro es que los ritmos caprichosos de la revuelta apresuren su tic-tac hacia la construcción de ése nuevo escenario por el que debemos trabajar antes de la aparición de los temibles monstruos.

@DavidGMarcos


[1] Daniel Bensaïd. Lucha de Clases, Fragmentos Descreídos [2005].

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