La UMH, búnker de la derecha universitaria

La UMH afronta el nuevo curso con un escenario particularmente desigual al del resto de las universidades del estado. Desde que iniciara su actividad, hace ya quince años, la apatía y fragmentación ha sido la protagonista entre una comunidad universitaria que continúa sufriendo las incesantes, y cada vez más acentuadas, agresiones contra la educación pública. Con la implantación del Plan Bolonia asistíamos al comienzo de un desarrollo de estrategias de abaratamiento en los costes de formación, desestructuración del movimiento estudiantil, desmantelamiento de titulaciones para acomodarlas a la precarización, etc. Todas estas estrategias convergen en un mismo objetivo: convertir a la universidad en un centro de producción de ideología hegemonizadora al servicio de los intereses de unas pocas personas1.

Los ciclos de flujo y reflujo en los que el movimiento estudiantil se ve inmerso a menudo, como lo fue el auge anti-Bolonia, provocan una debilidad en éste, que se ve obligado a rearmarse en cada uno de estos períodos. La existencia de organizaciones permanentes y su coordinación a nivel estatal se antoja de vital importancia para evitar el desarme del estudiantado e impedir que se vuelva a repetir lo sucedido con la implantación del EEES.

El contexto particular de la UMH hace esta tarea notablemente más complicada. La artificial y antidemocrática ley de no permitir la creación de organizaciones permanentes establece un ataque frontal al estudiantado que, de esta manera, queda indefenso ante las embestidas de privatización de la universidad e imposibilita la tarea de un proceso continuado de resistencias. A todo esto debemos sumarle la falta de libertad de expresión y la verticalidad de las estructuras que se alejan, cada vez más, de lo que pudiera ser un verdadero reflejo de las preocupaciones de los y las estudiantes. En estos momentos queda de manifiesto la necesidad de un trabajo paralelo a la Delegación de estudiantes que agote unas estrategias claramente diferenciadas de lo burocrático e institucional, acercándose lo máximo posible al alumnado, y que conecte reivindicaciones concretas de la universidad con las políticas de precarización de la juventud.

Por otro lado, la situación en el terreno social y político ha variado considerablemente con respecto a cursos anteriores. El nacimiento de un nuevo agente de movilización social como es el 15M representa el inicio de una convergencia que, más allá de la debilidad o fortaleza del movimiento, devuelve a la ciudadanía el espíritu de un proceso de reivindicación surgido desde la base. En el caso particular de la universidad, el 15M recuerda que la cooperación entre profesorado y estudiantes es ineludible y que las cesiones orquestadas desde los órganos de dirección son meras herramientas de maquillaje.

Con un panorama como este, lejos de caer en la impotencia, se hace necesario reflexionar y tomar conciencia de que exigir nuestros derechos no es deber de una minoría y que es tarea de todos y todas preguntarnos, ¿qué tipo de universidad queremos?

1SEVILLA ALONSO, CARLOS (2006) “Tesis sobre la universidad y el movimiento estudiantil”.

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