Artur, abortamos la misión

Al calor de unos resultados electorales atípicos podemos ratificar el fracaso de la estrategia de Convergència i Unió. Una estrategia que pretendía erigir una cortina de humo que consiguiera disimular el verdadero rostro de unas políticas devastadoras que venían siendo, hasta ahora, primas hermanas de las que el PP ha llevado a cabo durante todo este año en el resto del estado. Por suerte, esta cortina de humo ha quedado reducida a una simple bocanada de hollín en los ojos de los que no han querido ver lo que Artur Mas perseguía como objetivo último: Recoger el testigo de la mayoría absoluta como dispositivo de legitimación que ha permitido a los populares arrasar con cada uno de los derechos conseguidos hasta el momento.

Mientras tanto, el PSC insiste en continuar por la misma senda del PASOK y recoge, de lo sembrado, los peores resultados de la socialdemocracia en Catalunya. El PSC se mantiene en la oposición sin oposición carente de política, moral y dirección. Asistimos a un periodo de transición que desemboca paulatinamente en un cambio de paradigma en el marco institucional, pasando del bipartidismo asimétrico estatal a una pluralidad nunca vista hasta ahora desde los primeros comicios de la ‘democracia’.

De la explosión soberanista que tuvo lugar el pasado 11 de septiembre en la Diada Nacional de Catalunya no han conseguido nada, ni el paso en falso hacia el federalismo de los ‘socialistas’, ni la pantomima pseudo-identitaria de los ‘convergentes’. Sin embargo, aunque mínimo, algo de rédito electoral ha conseguido el discurso casposo y patriotero del PP catalán, que consigue incrementar su espectro en las urnas ante los torpes intentos de arrebatarle la hegemonía populista por parte de PxC y UPyD.

Los que sí han conseguido capitalizar la creciente pulsión independentista de los últimos meses son ERC, que ha conseguido disparar lo que, hasta hace bien poco, se pensaba que significaba su techo electoral. No obstante, el conflicto nacional no consiste, como quieren entender algunos, en enfundarse la cuatribarrada o la rojigualda manteniendo el yugo de la clase dominante sobre la oprimida. En un contexto como el actual, la coherencia de la izquierda está en el punto de mira de la sociedad, y no podemos permitirnos caer, de nuevo, en los fatídicos errores del pasado. Así, las nuevas contradicciones de la izquierda institucional probablemente no tarden en aparecer.

Pero, sin lugar a dudas, la mejor de las noticias que podemos extraer de los resultados del domingo es que el anticapitalismo asoma la cabeza con fuerza en el Parlament. Las CUP entran en la escena de un terreno farragoso en el que necesitamos altavoces suficientemente contundentes como para deslegitimar un sistema que se tambalea. No obstante, la ingente tarea que se nos plantea en estos momentos es la de conseguir, más temprano que tarde, un frente de izquierdas radical que consiga aglutinar desde la calle la presión necesaria como para frenar los brutales ataques de un capitalismo en decadencia.

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